
Uno va cumpliendo objetivos, creo que me gané ser titular para demostrar mi fútbol. En este mercado tuve una muy buena propuesta económica para ir a Estados Unidos, pero no me servía en lo deportivo. Cuando me pongo un objetivo, no paro hasta conseguirlo: quiero jugar en las grandes ligas de Europa y, primero, ganar un título con Racing. ¡Esperemos que se dé contra Lanús!”. Oscar Romero anhela con dar una vuelta olímpica en el fútbol argentino, del que siempre quiso ser parte.
El 10 de Racing, quien jugó casi un año en las inferiores de Boca y que idolatraba a Juan Román Riquelme, superó adversidades más grandes que las patadas de los rivales y hoy disfruta del presente. Cuando su papá lo abandonó, el enganche se aferró a los afectos de mamá María Lucía, la abuela Dora y la tía Margarita, puntales para él y sus tres hermanos. Y con Angel, su gemelo (delantero de Corinthians), también tuvieron otra aliada inseparable: la pelota de fútbol.
Mano a mano con “Crónica”, uno de los distintos de la Academia contó su historia de vida.
-Con Ángel, tu hermano, jugaron en inferiores de Boca. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Vinimos a los 13 años, nos trajo Adolfino Cañete (ex jugador paraguayo) a probarnos. Quedamos los dos, pero como mis padres son separados y mi papá nos abandonó cuando éramos chiquitos, necesitábamos la firma de él para poder fichar en AFA. Papá no quería darnos la firma y mi madre no podía venir a radicarse, tenía un trabajo fijo en Paraguay. Los técnicos aceptaron que nos quedemos, pero teníamos que jugar en Liga, y vivimos casi un año en Casa Amarilla.
-¿Cómo sobrellevaste la ausencia de tu papá?
-No tuve la posibilidad de hablar con un psicólogo ni con nadie en ese momento, sí con mi hermano mayor. El ya entendía algo y empezaba a decirnos de a poco qué pasó. Cuando uno va creciendo más, entiende, comprende y valora todo lo que hizo mi madre, cómo bancó a cuatro hijos y todo lo que trabajó para que no nos haga falta nada, le estoy eternamente agradecido. Mi abuela y mi tía la ayudaron mucho, nos quedábamos con ellas, porque mamá tenía que laburar 12 horas. En lo de mi abuela rompíamos todo jugando a la pelota con Angel (risas). Había una canchita al lado pero era medio peligroso, entonces nos hicieron una con dos arquitos en lo de mi abuela, pero también rompíamos cosas.
-¿Cuánto insistió tu mamá para que los vieran en una prueba en Paraguay, en la que todos eran mayores que vos y que tu hermano?
-Teníamos 12, 12 y medio. Mi mamá creía que con Ángel éramos Messi y Cristiano Ronaldo (risas), le dijo a Adolfino Cañete “mire a mis hijos, juegan bien”. “Señora, son muy chicos, los van a romper todos”, le contestó él, porque nos vio que éramos así de flaquitos (muestra el dedo meñique). Pero ella le insistió: “metele 10 minutos”. “Mire señora, yo no me hago responsable”, le dijo Adolfino, que nos puso los últimos 10 minutos, como para darle el gusto. Entramos, hicimos buenas jugadas, hasta que en una le tiré un centro desde la izquierda y Ángel la metió de chilena. Ahí Adolfino la llamó a mi mamá y le dijo “mañana traeme a estos dos” (risas). De ahí vinimos a probarnos a Boca. Todos nos hinchaban con que éramos como los hermanos Korioto, de (la serie) los Supercampeones.
- Y en Paraguay, después de no poder seguir en Boca, también estuvieron juntos en Cerro Porteño...
-Claro. Decidimos volver porque allá podíamos fichar. Fuimos a Cerro, porque somos hinchas. Quedamos rápido, nos fueron subiendo y debutamos en Primera con una semana de diferencia. Cuando vino Chiqui Arce, que agarró ahora la selección paraguaya, nos dio mucha confianza y continuidad. En un clásico con Olimpia, armé la jugada y definió mi hermano, pero esta vez no de chilena (risas), fue muy importante para los dos.
-Marcás la importancia de ese gol en un clásico paraguayo, ¿qué representó para vos el que le hiciste a Independiente, en la Liguilla?
-La verdad, me marcó mucho. Fue lo más lindo que viví en Racing. Un día antes, Angel me había dicho que yo todavía no había hecho goles en clásicos en mi carrera, y me dice “espero que mañana hagas un gol en un clásico, ¿o te vas a cagar todo?” (risas). Él tiene cinco goles en clásicos, entre Paraguay y Brasil, entonces por WhatsApp me cargaba con esa situación. Y justo ese día hago el gol, ¡sabés cómo le escribí! “¡Y encima lo hice en una pierna!”, le dije. Ese momento, por lo que representó, hacerlo en una final para pasar a una Copa Libertadores y en la cancha de ellos, donde hacía bastante que Racing no ganaba (14 años), es lo más lindo que me pasó. Agarré más confianza, la gente me transmitió otra cosa por ese gol. En ese momento no tenía muchas oportunidades, no era titular-titular, entonces ayudó bastante para que anímicamente levante un poco.
-¿Una prima tuya predijo el gol?
-¡Sí! Tengo una prima enferma, tiene un problemita en la cabeza, y le dijo a mi mamá cómo íbamos a salir. Ese día también jugaba Ángel, mi prima se levantó y le dijo bien, pero bien claro a mi mamá: “Angel va a perder hoy, pero a David -así me dicen en mi familia- le va a ir bien, incluso va a meter un gol”, así lo dijo. Me contaron que cuando metí el gol, más que gritarlo, la miraban a ella, porque todo el día dijo eso. Y mi hermano perdió en Brasil. Se dio todo lo que dijo, ¡espero que ahora diga que le voy a hacer un gol a Lanús y que salimos campeones! La voy a llamar y decirle que lo diga (risas).
-Si este año se mantenía esa situación de que fueras habitualmente suplente, ¿ibas a analizar alguna de las ofertas del exterior?
-No. La idea mía siempre era ganarme un lugar acá. Cuando vine a Racing, sabía que venía al campeón, que tenía un equipo armado y que yo empezaba de atrás. Tenía que pasar la adaptación a otro fútbol, otro ritmo... sabía de todo. Pero me conozco, sé lo que puedo dar y en mi cabeza siempre estuvo quedarme, ganarme un lugar, un nombre, un respeto. Siempre quise jugar en Argentina. Y cuando me pongo un objetivo, no paro hasta conseguirlo.
-¿Cómo fue tener que pedirle a la gente que deje de cantar con un mensaje xenófobo?
-Fue el momento más doloroso que viví en Racing, junto a la eliminación en esta Copa (Libertadores). Estábamos 2-0 contra Bolívar, escuché que cantaban contra mi país y se me nubló todo, me dolió. Traté de decirles que paren, eso lastima, porque uno trata de dar alegría con el fútbol.
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