
La aparición de Andrade en River sorprendió positivamente a todos y el hincha se entusiasma con la nueva joyita del club, pero hay que ir despacio y no prender fuego a un patrimonio que tiene todo para explotar. El trabajo es arduo no sólo para el jugador, sino también para el hincha que debe respaldar a Tomás y no caer en la adrenalina del resultado efímero.
Es muy difícil para el hincha de River no ilusionarse cuando surge un jugador nuestro, bien nuestro, gambeteador, exquisito, con criterio para vestir La Banda. Y yo trato de no subirme a la moto de la adrenalina y de vivir el paso a paso, el proceso como debe ser. Pero Andrade nos la hace difícil. Porque el pibe que debutó en abril y ya ahí aprovechó para mostrar pinceladas de su fútbol, encima se quiebra y llora finalizado el partido por la emoción que le produce debutar con el Manto Sagrado. Y eso al hincha lo conmueve, porque el que llora, no es uno más, es uno nuestro, surgido del riñon del club, que la pisa y la muestra como el ADN River exige.
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